News & Events

Aristóteles decía: “Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en lo absoluto” ¿Por qué nos “pasan de largo” frases que como esta ponen en tela de juicio nuestra labor como docentes y su finalidad? ¿Qué carambas quiso decir Aristóteles con esto? ¿Estamos educando en realidad la mente? ¿El corazón? ¿Cómo está eso? ¿Será que tenemos no una, sino dos inteligencias? ¿Inteligencia racional y emocional? ¿Tendrá que ver con la Educación Integral que tanto anhelamos para nuestros alumnos pero que sólo hemos podido -artificialmente- acariciar?

Son ya 6 años los que llevo trabajando para la Fundación Educación por la Experiencia (ExE) empeñada en construir mejores seres humanos a través de la educación en valores. Durante este tiempo hemos podido investigar y descubrir que una -si no es que la única- de las claves para lograrlo tiene que ver con el impacto o la huella interior que deja la relación maestro-alumno en la mente y corazón de los alumnos; ahí ponemos el énfasis durante los talleres de ExE. Ahora bien, al hablar de educación en valores estamos hablando, en términos ‘aristotélicos’, del corazón, pues los valores son del ámbito emocional del sujeto y son, por tanto, relacionales; esto es, que se transmiten de un sujeto a otro, en sus interacciones… ¿Se dan cuenta cómo ya estamos refiriéndonos a la competencia socioemocional que se menciona en el título de esta entrada? Más allá de ello, ExE logra también trabajar la competencia mental o intelectual. Así, podríamos decir que el Modelo Educativo ExE es el único que existe actualmente para aterrizar las dos competencias que tienen que ver con la educación integral: la intelectual y la socioemocional.

Así, durante los talleres ExE se trabajan las cuatro fases o etapas de su metodología. A saber: escuchar, dialogar, decidir y trascender. Se preguntarán porqué “decidir” está resaltado en negrita y cursiva, pues bien, porque justamente ahí, en la decisión, es dónde se gesta y desarrolla la competencia socioemocional. Cuando tomamos una decisión ponemos en juego una serie de operaciones interiores cuyo horizonte tiene que ver con un alguien, con reflexionar sobre el beneficio que queremos causarle con nuestros actos. Por lo tanto, una decisión, que podríamos llamar realmente humana, tiene un solo requisito: un mínimo de consideración hacia el otro, hacia el cercano. Es por ello, que en los libros ExE para alumnos se pregunta al final de cada tema “¿a quién quieres beneficiar con el cumplimiento de tu compromiso?” Siempre, al final de cada tema, los alumnos deben establecer un compromiso –por ejemplo, “cuidar de mi abuelita”– para que sus padres o familiares les ayuden a cumplirlo, lo cual implica que una decisión determina nuestros actos consecuentes.

¿Cuántos siglos han pasado en los que hemos puesto la mirada únicamente en los actos externos en la interacción con otros? Si tomamos como cierto el hecho de que antes de actuar decidimos ante ciertos hechos humanos que nos conmueven, entonces valdría la pena poner la mirada en el proceso para aprender los hechos antes de tomar una decisión. Por tanto, vale la pena preguntarnos dónde ocurre el proceso para aprender los hechos en nuestros alumnos pues ahí está la clave para su desarrollo integral. Y si ya dijimos que las decisiones son emocionales, con mucha mayor razón habría que considerarlas puesto que los seres humanos, además de intelecto, somos afecto, ni lo uno ni lo otro sino los dos, tal y como afirmó, otra vez, Aristóteles.

Entonces, durante la segunda etapa de la metodología ExE, dialogar, tenemos que intencionalmente trabajar no sólo la inteligencia sino también las decisiones. Esto sólo puede lograrse a través de preguntas; es decir, hay preguntas para aprender ciertos hechos humanos concretos y preguntas para decidir ante tales hechos -que conmueven-. Las temáticas de los libros ExE contribuyen sustancialmente pues son muy fáciles de conectar con su experiencia dando oportunidad a un diálogo mucho más “íntimo” con nuestros alumnos. Al no juzgar, se sienten con mucha confianza de expresarse y, por consiguiente, una sesión por lo general no basta para llegar al objetivo; dicho sea que este objetivo nada tiene que ver con “terminar el tema” sino con ir dejando, como mencionamos anteriormente, una huella interior permanente y pertinente -de acuerdo al enfoque por competencias- en nuestros alumnos, que les permita enfrentar su vida -un alumno capaz de abordar situaciones y problemas específicos- una vez que hayan salido de la escuela pues es ahí, donde veremos su trascendencia -4ª etapa de la metodología ExE-. Recordemos a Einstein “educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela”.

Por otro lado, es en el diálogo donde tenemos que detenernos puesto que es ahí donde tenemos la oportunidad de razonar y reflexionar con nuestros alumnos dando como resultado un futuro egresado más crítico y solidario… más humanizante. Así que, colegas, ¡pierdan el tiempo dialogando -con base en preguntas- con sus alumnos -e hijos-! Al futuro en verdad se los agradecerán. Puedo darles testimonio de que esto es así pues desde muy pequeña mi papá se la pasaba preguntándome -de manera un tanto intuitiva de inicio y al día de hoy con mayor consciencia- y ahora, muchos años después, entiendo el porqué y le agradezco el tratarme como lo que somos todos los seres humanos en realidad: mente y corazón.

A todo esto, ¿estará Aristóteles revolcándose en su tumba? ¡Claro! Nuestra esperanza es que esté revolcándose, pero de alegría al ver -y sentir- que estamos entendiendo y tratando de verificar y trascender parte de su legado y, por tanto, caminando juntos a una educación, por fin, integral y humanizante.

 

Daniela Rugarcía
Consejera ExE

Comments

comments