News & Events

¿Cómo aprendemos? ¿Qué necesitamos para aprender?

La historia del conocimiento, a lo largo de todo el proceso de desarrollo de la humanidad, es la historia de las preguntas. Son las preguntas las que exigen y atraen las respuestas. No hay respuesta sin pregunta; a pesar de las serendipias.

Si queremos aprender sobre algo, tenemos que establecernos preguntas.

No es suficiente memorizar. Cuando el conocimiento se fundamenta en la memoria, si no es acompañado por resolver necesidades del propio aprendiz, será olvidado. Para que funcione tiene que ser asumido como experiencia propia (así sea inconsciente). Hay que construir experiencia para aprender. “Lo que bien se aprende nunca se olvida”, sería resignificado como, “lo que se convierte en experiencia propia se aprende y será más difícil de olvidar”. Finalmente, nadie recuerda todo lo estudiado.

Así, el problema del maestro no es saberlo todo, tener todas las respuestas; sino saber hacer que los educandos se hagan las preguntas que para ellos tienen significado. Y hay que entender que esas preguntas se formulan de manera personal, no tienen el mismo significado para todos: una vez más, están relacionadas con los intereses, los gustos, las inclinaciones, en suma, las experiencias propias. Saber conducirlos a hacerse preguntas que les toquen la inteligencia y el corazón, es la verdadera docencia.

Y algo más, de mucha importancia, no todas las respuestas las tiene la razón, la inteligencia. Muchas de ellas las dicta el corazón. No se trata de reacciones puramente emocionales; los afectos tienen que ver con ellas.

Una hipótesis lanzada por el especialista en educación, Dr. Armando Rugarcía, señala que en nuestro interior se dan dos tipos de juicios: los juicios de verdad y los juicios de valor.

Los juicios de verdad son el resultado de adquirir información, lanzar alguna hipótesis y buscar su comprobación en la realidad.

Mientras que los juicios de valor, que generalmente preceden a nuestras decisiones, serían el resultado de lo que es realmente valioso para nosotros. Realizaríamos así algún valor, por encima de otros, en cada decisión tomada.

Muchas de las decisiones importantes que vamos eligiendo, las tomamos con el corazón. Por ejemplo, la elección de pareja, los amigos, no lo hacemos mediante cálculos racionales, sino por afinidades afectivas.

La escuela, prácticamente nunca se ha planteado trabajar lo anterior. Mantiene a los educandos en el analfabetismo emocional y luego espera de ellos que tomen buenas decisiones. Esto es poco más que imposible.

La educación para que sea eficaz debe ser participativa y experiencial, debe convertir el conocimiento en experiencia de los educandos y debe promover sus habilidades socioemocionales. Debe tomar muy seriamente ¿cómo se elige?, ¿cómo se decide? De confirmarse la hipótesis rugarciana, debe mostrar y distinguir los juicios de verdad y los juicios de valor, y sus concatenaciones.

 

Mariano Morales
Director general

Comments

comments